País Vasco y La Rioja, algo más que una Ruta Científica, Artística y Literaria (IV)

DÍA 4: SAN VICENTE DE LA SONSIERRA – BRIONES – SAN MILLÁN DE LA COGOLLA – SANTO DOMINGO DE LA CALZADA

Abandonábamos Bilbao y el curioso hotel BBK Good Hotel  que nos había ofrecido esos menús tan sui géneris y una forma de convivencia a la que no todo el mundo está acostumbrado: compartir baño aunque no se quiera.

Subidos ya en nuestro autocar nos dirigimos ya a la comunidad de La Rioja, hacia San Vicente de la Sonsierra donde la mujer del alcalde nos mostraría la Ermita de Santa María de la Piscina, edificio mejor conservado del Románico en esta zona, y su necrópolis. Amenaba con llover por lo que no nos retrasamos mucho en acudir a los lagares rupestres, cavidades en roca realizadas por el hombre para la elaboración del vino, donde nuestra guía, con la ayuda de un par de alumnos, nos hicieron revivir esta ancestral forma de conseguir el zumo de uva para posteriormente convertirlo en ese caldo tan distintivo de La Rioja.

Después de disfrutar de este divertido momento nos dirigimos hacia un dolmen próximo y allí aprovechamos para volvernos a hacer otra foto de familia.

Nuestro siguiente destino era Briones, donde se encuentra el Museo Dinastía Vivanco, museo del vino que nos aportó información relevante sobre la clasificación, producción y conservación del mismo a través de un taller donde agudizaron los sentidos para poder entender mejor este arte.

Sin haber perdido la esperanza de un menú más acorde a nuestros deseos degustamos una paella, sin perder nunca la sonrisa:

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Nos esperaba una sobrecogedora cita con el mundo literario: la visita a los Monasterios de Suso y Yuso, aquel donde se escribieron las glosas emilianenses, anotaciones en lengua romance en el margen del folio a modo de aclaración.

Mientras un grupo de alumnos permanecía en el Monasterio de Yuso realizando un taller de escritura, el otro grupo subimos al Monasterio de Suso. Fue sorprendente como la guía de este último nos hablaba, sin ningún sentimiento, de estos restos arquitectónicos que en su día fueron la cuna del castellano. una pena, puesto que nos sobrecogió su frialdad y desgana ya que hasta ese momento todos los guías que nos habían ido acompañando habían realizado su trabajo de forma excepcional.

El taller de escritura nos dejó mucho mejor sabor de boca. Disfrutaron como niños:

El intenso día no llegaba a su fin. De San Millán de la Cogolla nos desplazamos hacia Santo Domingo de la Calzada donde pernoctaríamos. Nos acogieron en la Hospedería Cisterciense, donde a buen seguro sabíamos que la cena nos agradaría. Antes de ella paseamos por el Casco Viejo de la ciudad.

Increíblemente, la noche no llegaba a su fin. Alguna que otra charla y, como no puede ser de otra manera, momentos de carcajadas, daban por finalizada, a medianoche el largo día.

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